1º. Introducción al tema leyendo la historia de San Agustín. Después de un breve comentario, división en grupos para trabajar en base a preguntas (los grupos se forman de acuerdo al número de participantes).
¿Dónde nació Agustín?
¿Cómo se llamaban sus padres?
¿Dónde y qué carrera estudió?
¿Qué otras cosas hacía?
¿Quiénes eran sus amigos (nombres)?
¿Qué cualidades se destacaban en Agustín?
¿Qué defectos tenía?
¿Qué hacía su madre Mónica para ver a su hijo convertido?
¿Qué sueños y proyectos tenía?
¿Qué libro importante lo ayuda en su conversión?
¿Quíen es el que llama a Agustin? ¿Para qué lo llama?
¿Cómo vivió junto a sus hermanos?
¿La comunidad que forma en qué se destaca?
¿En qué año fue elegido obispo?
¿En qué año murió y qué pasó después de su muerte?
2º Puesta en común de las respuestas y lo diálogado. Se colocan carteles con tres palabras claves para redondear el tema (breve explicación).
*CONVERSIÓN *VOCACION *COMUNIDAD
3º Para finalizar el encuentro se puede optar por alguna de las conclusiones:
LR 29 RADIO LATERANENSE INFORMA:
Nos encontramos aquí, hablando con un santo llamado Agustín, que nació al norte de Africa, en el año 354.
Por los adelantos científicos y gracias a la máquina del tiempo, hoy lo tenemos con nosotros, para hacerle un pequeño reportaje.
Reportero: Buenas tardes, Agustín ¿Cómo estás?
Agustín: Bien gracias muchachos. A ustedes se los ve muy bien. Ahora, cuéntenme qué quieren preguntarme.
Reportero: Bueno, la primera pregunta es un poco obvia, pero nos gustaría saber, ¿cómo ves el mundo de hoy?
Agustín: Chicos, hay muchas diferencias entre lo que yo viví, y esto que se vive hoy. Veo a la gente muy apurada, corriendo para todos lados, y diciendo siempre: “no tengo tiempo”, algunos por sus trabajos, corren para viajar, corren para comer, corren para llegar a sus casas, corriendo ven a sus hijos, a sus padres, a sus amigos, y corriendo se les va la vida. Y me parece que no disfrutan de nada.
Reportero: ¿Tan grave es?
Agustín: Chicos, ustedes no se dan cuenta, porque están acostumbrados, pero piensen, todos necesitamos pequeños tiempos, para hacer y disfrutar de grandes cosas. Si viven corriendo, se pierden el tiempo de disfrutar de la familia, y ustedes se pierden de disfrutar de sus padres. Entonces todos se pierden de gozar de la primera comunidad en la que vivimos, que es la familia y el hogar.
Reportero: capaz que tenés razón. Nosotros, a veces, cuando paramos de mirar televisión o de jugar con el family game, sentimos como un agujero aquí dentro. Sobre todo si estamos sólos en casa, y no están ni papá ni mamá. Pero nosotros somos chicos, y no sabemos que podríamos hacer para que las cosas cambien, ¿nos ayudás?
Agustín: Claro, chicos queridos. Ustedes no pueden hacer muchas cosas, pero pueden pueden hacer que pequeñas cosas vayan cambiando. Por ejemplo, yo siempre digo que “el alma es un ojo abierto que mira siempre a Dios”
Reportero: No entendemos
Agustín: Se los explico. Cuando lleguen a casa, papá y mamá, ustedes tienen que estar preparados para hacerles más facil el trabajo de la casa.
Ayudarlos en cosas chiquitas. Contarles sin gritos ni caprichos lo que han hecho en el día, y cuando estén sentados para comer, decirles: “no nos olvidemos de Dios”. Y dar gracias, con palabras fáciles, por los alimentos. De a poquito, a mamá y a papá, se les va a ir calentando el corazón, y van a ir entendiendo que alimentar el alma, es más importante que todo lo demás, porque el alma es un ojito que nunca se cierra, es el puentecito que nos lleva directo hacia Dios. ¿Entendieron?
Reportero: Sí, creemos que sí. Y nos acordamos de una frase tuya, que es muy conocida: “Ama y haz lo que quieras”, porque todo lo que hagamos desde el amor y con amor, va a ser siempre para el bien de los demás.
Agustín: muy bien chicos, los felicito. Saben mucho de mí, ¿cómo hicieron?
Reportero: Porque en mi parroquia, hay sacerdotes y seminaristas de los Canónigos Regulares de Letrán y siempre hablan de vos. Y aparte, porque en los juegos vocacionales, tenemos que leer muchas cosas tuyas. Pero, ¡huy! Se nos acabó el tiempo. ¡Hasta el próximo año, San Agustín! ¡Te queremos mucho!
Agustín: Yo también chicos. ¡Hasta pronto! Y no se olviden que compartiendo es como mejor se vive.
Buenas noches señoras y señores, estamos aquí con un notable pensador, fílosofo y santo: Agustín.
Periodistas: Buenas noches Agustín, es un gran placer tenerte con nosotros.
Agustín: Muchas gracias señoritas, para mí es un gusto estar con ustedes, aunque en este tiempo tengo mucho trabajo, notas y entrevistas.
Periodistas: Contanos Agustín, ¿de verdad eras tan terrible de chico, como dicen por ahí?
Agustín: Es verdad chicos. Cuando era niño aún no estaba bautizado, a pesar de que mi mamá Mónica, era católica. Pero mi papá Patricio, era pagano, es decir no profesaba ninguna religión y entonces no me bautizaron. Quizá por eso el bichito del mal picaba fuerte en mi corazón y, junto con mis amigos, muchas veces, hice cosa que no debía.
Periodistas: ¿Recordás alguna Agustín?
Agustín:Hay una falta que me quedó muy grabada en el corazón. Cierta vez robé.
Periodistas: ¿Cómo fue eso?
Agustín: Mi padre, Patricio, no tenía dinero para que yo siguiera estudiando, entonces volví a casa. En vez de ayudar a mis padres con sus trabajos, me puse a vaguear por ahí, con mis amigos. Y una noche decidimos robarle peras a un vecino, peras tan feas que una vez robadas, las tiramos a los cerdos.
Periodistas: ¿Qué sentiste Agustín? ¿Te arrepentiste?
Agustín: Me arrepentí toda mi vida, por ese mal cometido. Y más adelante , cuando conocí y amé a Dios, le pedí mil veces perdón por esa falta tan grave que había hecho.
Periodistas: Bueno, bueno Agustín, finalmente eras un niño.
Agustín: No chicos, no. Cuando tenemos conciencia y comenzamos a pensar, las faltas, chicas o grandes, se convierten en pecado, porque estamos haciendo daño a nuestros hermanos. Y eso no debemos hacerlo, ni de chicos ni de grandes. ¿Entienden?.
Periodistas: Sí, Agustín, te entendemos. Y te prometemos que vamos a tratar de hacer eso que vos decís. Ahora te damos un beso grande y ¡hasta pronto!.
Agustín: Otro beso para ustedes, chicos, y piensen mucho en lo que les he dicho.
En nuestro pequeño diario colegial, hoy presentamos una nota exclusiva a San Agustín. A escuchar con atención lo que nos dice.
Chicos: Buenas tardes Agustín, estamos aquí porque queremos conocerte mejor.
Agustín: Buenas tardes chicos. Yo estoy dispuesto a contestarles lo que quieran preguntar.
Chicos: Bueno, lo primero es: ¿qué sentiste cuando te hiciste católico, o mejor
dicho, cuando encontraste a Dios?
Agustín: Chicos, ese sentimiento es casi indescriptible, pero voy a tratar de explicarlo. Yo estaba muy desesperado, pero de pronto, ese hermoso texto de San Pablo que dice: “No se dejen dominar por la carne y sus concupiscencias”, abrió mi corazón y sentí mucha alegría y una tranquilidad única por haber encontrado la verdad. Lo único que quise fue compartir la noticia con mi gran amigo Alipio y con mi madre Mónica, que tanta lágrimas había aderramado por mí.
Chicos: Nos da mucha emoción oir lo que nos contás. ¿Cómo y cuándo empezaste a vivir en comunidad?
Agustín: Ah!, bueno, eso no me costó nada. Yo desde niño viví siempre rodeado de amigos. La amistad es un de las cosas más bellas que existen.
Chicos: Sí, sí, ser amigos es muy lindo.
Agustín: En mi comunidad somos todos amigos y tanto nos queremos que compartimos todas nuestras cosas materiales para que a nadie le falte ni le sobre nada.
Chicos: ¿Qué más comparten?
Agustín: Lo más importante: profesamos el amor por el único Dios y Padre. Juntos compartimos las oraciones y así unidos tenemos un solo corazón y una sola alma dirigidos a Dios.
Chicos: ¿Aceptan chicos como nosotros en tu comunidad?
Agustín: Si sienten que Dios les golpea la puerta de sus corazones y ustedes responden que sí, les digo que hay un lugar para ustedes en la comunidad.
Chicos: Muchas gracias Agustín y hasta pronto.
Agustín: Hasta pronto chicos, espero verlos otra vez.
Reporteros: San agustín, ¿Cuándo eras niño, tenías muchos amigos?
Agustín: Sí, me sentía muy feliz cuanto más amigos tenía... sentía que era mi obligación seguir cosechando amigos.
Reporteros: ¿Te gustaba estudiar tanto como jugar a la pelota?
Agustín: Mi juego preferido era la pelota, pero cualquier otra travesura formaba parte de mi diversión... por ejemplo me subía a los frutales ajenos y me llevaba sus frutos.
Reporteros: ¿Los robabas?
Agustín: Los llevaba... pero en mi mente no había intención de perjudicar a nadie... simplemente saborear una pera por ejemplo.
Reporteros: Tus padres, ¿Qué te decían?
Agustín: Mis padres me ponían en penitencia, sobre todo, porque le restaba importancia a los estudios...
Reporteros: Los maestros ¿eran exigentes? ¿Qué hacían si no estudiabas?
Agustín: A pesar que estaban mal pagos y no tener los medios adecuados para desarrollar las enseñanzas, se preocupaban mucho para que pudiera aprender, cosa que no hacía en mi casa.
Reporteros: ¿A qué edad te bautizaste?
Agustín: Antes no era como hoy. La mayoría de los cristianos se bautizaban de grande, yo lo hice a los 33 años.
Reporteros: ¿Qué hiciste de grande?
Agustín: Siempre sentí de corazón vivir en comunidad con los demás, compartir la casa, el alimento, el trabajo pastoral, manual e intelectual. Además aconsejar y orientar a los que lo necesitaban. Todo esto hice de grande y una vez bautizado.